Recordando al gran amigo y escultor. Poema.

Poema que he dedicado a mi buen amigo el escultor d. Arturo Brea Pasín

Figuras de niños cincelados en blanco marfil,

aleteaban en su cabeza constantemente,

y sus manos encallecidas cruzadas por venas azuladas

daban forma instantánea a sus ideas,

el terciopelo rojo servía de marco digno,

la Señora sonriente en el punto central

sosteniendo al niño en su regazo después de mamar,

regordete y satisfecho despidiendo paz y serenidad;

tranquiliza el verlo, y la esperanza fluye al corazón

de todo el que lo pueda contemplar.

 

Manos que trabajan, venas azuladas, mirada cansada,

mente liberada, buscando siempre la forma de expresarse,

bajorrelieves, entretallas, modelados, estofados, incrustados,

tallas flamencas, bustos, dibujos estilizados de modelos de pago,

siempre contrariado, plasmando, avanzando, avanza, más, más,

por el camino largo, sin fin, para estar, enseñando intransigente,

atravesando confines lejanos que su meta sin fin parece no alcanzar,

observando sin descanso, buscando, buscando…

El horizonte siempre lejos, satisfacción inalcanzable,

piensa que tesón no le falta, por eso continua errante por Europa

arrastrando aparejos, cincelando, dibujando, encuentra pero no,

la satisfacción no le dura, y surgen otros deseos,

extiende su mano en busca de su genialidad,

templado, robustecido, la mano poderosa, callosa, azulada, caliente,

atormentada, agarrando, atesorando raudales de arte, más no importa,

su talento es inacabable y vuelve a mirar hacia allá, cada vez más lejos,

hay que esperar para encontrar, no hay descanso, -¡aún no! grita

la musa le acompaña, esa es su suerte, y allá lejos, en el norte de Europa,

pensando que ya llegaba, encuentra la paz, breve, pero intensa…

Y de nuevo se escapa para seguir caminando, en un retorno al principio,

sus manos siguen dando forma, esculpiendo desde su alma, no se cansan,

no se desgastan; revolotean imágenes nuevas en su cabeza

que piden que se mueva, que vuelvan a crear,

y de nuevo se mueven sobre la madera o la piedra,

el mármol o el marfil, el barro o lo que sea;

y el escultor no descansa, sus manos virtuosas

lo consiguen todo, pero su mente sigue clamando más,

y habiendo retornado ya a su tierra,

está triste porque aún le queda camino por andar…

El trabajo no le cansa, sólo los cabellos canos

que ve en el espejo le apresuran…

El escultor sigue, y sigue creando,

va caminando sin arrastrar los pies,

pero cada vez camina más lento, cada vez más,

y clamando al cielo grita de nuevo su ruego -¡aún no!…

Pero el horizonte ya está muy cerca, ya lo puede tocar…

Y el escultor percibe que, su último viaje,

es el retorno a sus orígenes para reposar…

                                                Poema de Carmen Formoso Lapido

                                                     Su arte nos acompañará siempre porque el artista nunca desaparece.

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D. ARTURO BREA PASÍN, ESCULTOR, MIEMBRO NUMERARIO DE LA REAL ACADEMIA GALLEGA DE BELLAS ARTES, NTRA. SRA. del ROSARIO

          Por su gran arte y méritos, el Maestro Arturo Brea Pasín, discípulo aventajado de ASOREY,

merece su descansar en el panteón de ILUSTRES GALLEGOS.

                  Amigo, descansa en paz.                                               

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