Mi corazón leal, se amerita en la sombra.


A Rafael López.
Mi corazón leal, se amerita en la sombra.
Yo lo sacara al día, como lengua de fuego
que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz;
y al oírlo batir su cárcel, yo me anego
y me hundo en ternura remordida de un padre
que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.
Mi corazón leal, se amerita en la sombra.
Placer, amor, dolor… todo le es ultraje
y estimula su cruel carrera logarítmica,
sus ávidas mareas y su eterno oleaje.
Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.
Es la mitra y la válvula… Yo me lo arrancaría
para llevarlo en triunfo a conocer el día,
la estola de violetas en los hombros del alba,
el cíngulo morado de los atardeceres,
los astros, y el perímetro jovial de las mujeres.
Mi corazón, leal, se amerita en la sombra.
Desde una cumbre enhiesta yo lo he de lanzar
como sangriento disco a la hoguera solar.
Asi extirparé el cáncer de mi fatiga dura,
seré impasible por el este y el oeste,
asistiré con una sonrisa depravada
a las ineptitudes de la inepta cultura,
y habrá en mi corazón la llama que le preste
el incendio sinfónico de la esfera celeste.

                                                                             De Ramón López Velarde

PIOLÍN Y LA LINDA GATITA.

A Piolín lo llevé en el avión desde Canarias a La Coruña hace un tiempo; me lo regalaron con el equipo entero (su jaula dorada, su manta de viaje y su ”billete” de avión en condiciones). Me dijeron:

—Te alegrará la vida con sus trinos. Llévatelo, mi niña, que no te pesará…

Y aquí, en La Coruña está, cantando que es la envidia del barrio, porque es un canario nacido en Canarias, un canario de verdad.

No tardó en conocerme, en quererme y en buscarme al entrar yo en su cuarto. Y, ladeando la cabeza alegre, se balanceaba en su columpio. Yo le acercaba un dedo y me lo picoteaba insistentemente, y de este juego él no se cansaba, me cansaba yo. Pasaba horas balanceándose en el columpio, azuzándolo con el cuerpo en busca de un balanceo más fuerte y, agarrado con una patita a la barra lateral, lo conseguía… Le puse un bañito amarillo de plástico dentro de la jaula y en él se bañaba cuando tenía calor; y al sacudirse mojaba todo su entorno… Pero era una maravilla cantando.

Cuando llegó Linda Gatita a casa, ya hacía cinco meses que tenía a Piolín. Linda Gatita tenía tres meses, era muy, muy pequeña, curioseaba por todas partes y se refregaba en cada rincón; no tardó en trepar por las paredes y los dinteles de las puertas, en meterse dentro de los armarios donde permanecía quieta, en silencio absoluto, con las orejas tiesas como antenas, hasta que yo volvía y le abría; se colgaba de las cortinas y las rajaba de arriba abajo, se metía en las bolsas y asomaba sus ojitos encantadores, cándidos y moviéndose como una diosa, meneaba su rabito… Pero me di cuenta de que Linda Gatita estaba practicando para poder saltar también sobre el inocente Piolín. Y entonces tuve que colgar la jaula más alta, donde Linda Gatita no pudiese llegar. Llegar no llegaba, pero sentada frente a él pasaba largas horas quieta observándolo, relamiéndose y a veces maullándole tímidamente…

Dice Adriano Bachella cosas preciosas de los gatos que acompaña con fotos perfectas y reales. Yo adoro a Linda Gatita porque es la gata más preciosa de todas, y cuando leo a Adriano la estoy viendo a ella. Y dice Adriano: un gatito no pide, coge… ¡Es cierto!…

Desde hace miles de años, el gato fascina a los escritores y roba el corazón de pensadores, filósofos, inventores, científicos… Todos quedan cautivados por sus movimientos sinuosos, elegantes y altivos, de ese cazador felino, que inspiró cuadros, versos, películas… Y desde Leonardo da Vinci, que escribió “hasta el felino más pequeño es una obra maestra”, hasta Doris Lessing, autora contemporánea de uno de los poemas más apasionados dedicados al gato:

(…) oh, gato; debería decir o rogar:

¡Maravilloso gato! ¡Delicioso gato!

¡Exquisito gato!

¡Gato como un suave búho,

gato de patas falenas,

precioso gato, ¡milagroso!

¡gato, gato, gato!

Y mi Linda Gatita no deja de asombrarme, de despertar mi ternura, mi admiración, mi… ¡devoción!… Linda Gatita me hipnotiza con su mirada…

(…) en esta suerte adversa

yo me confío a ti,

oh, hermoso gato

me parece tener frente a mi dos estrellas

y encontrar el viento del norte

en medio de la tempestad.

Torcuato Tasso

Muchos pensadores han sabido entrever en el gato miles de rasgos diferentes, y el papel de refuerzo moral en momentos de sufrimiento, como el gato Joffrey que ayudó al poeta Smart a superar el duro encierro en un hospital de enfermos mentales.

Mi Linda Gatita es delicada, cariñosa, tiene carácter, tiene gracia hasta para hacer lo que le de la gana; con una agilidad increíble juega con todo lo que llama su atención, salta desde no sé dónde a mis hombros, me despierta a la mañana subiéndose a mi cama, con un abrazo peludo de esos largos, largos, largos y caliente, y ronronea abrazada a mi cuello, esperando paciente a que yo haga el primer gesto de incorporarme…Y sobre mi hombro espera hasta que me muevo para preparar el desayuno, y mientras lo hago permanece sentada en una banqueta sin quitarme ojo, con una mirada cristalina, inocente, dulce y… ¡tan elegante!… Cuando Linda Gatita tiene frío es cuando más se acerca, busca el calor humano…

Es una esfinge que ha veces miente, a veces es fiera salvaje, ladrona, perezosa y oportunista, pero… Además es mi fantasma nocturno, el que ronronea y bufa a los de fuera antes de enseñar las uñas; la comprendo, porque he observado que ella siempre tiene un motivo muy oculto…

Nadie se puede resistir al encanto de un gatito, y Linda Gatita lo sabe bien… Sentada, imperturbable, con una mirada profunda, filosófica, rodeada por un aurea misteriosa, permanece horas enteras observándome desde un lugar estratégico y, si se le acercan, desparece y se esconde donde nadie pueda alcanzarla, porque sólo admite caricias de sus próximos… Y si más tarde no puede salir, me envía grititos lastimeros para que la ayude y después me come a lengüetazos… ¡Su sensibilidad es tan compleja!… ¡Es tan independiente!… Y sin embargo ¡es tan feliz entre nosotros!

Me pregunto cómo una criatura tan inteligente, llamémosla sabia, hermosa y refinada, limpísima por herencia genética, puede vivir tan independiente con seres como nosotros… Eso también se lo preguntaron los filósofos a través de los siglos, no es una reflexión espontánea nueva, no, no es mi reflexión, es una reflexión tan antigua como el pensamiento del hombre…

¿Qué más podría decir de ella? ¡Adoro a Linda Gatita!

Versos de un anónimo gatófilo:

Cuando Dios creó al gato

no siguió ninguna receta

pero sabía una cosa:

tenía que ser dulce,

entonces puso miel

y añadió un poco de hiel,

hizo de él un equilibrista,

con la gracia de un artista

los ojos grandes y curiosos

los cogió de los niños juguetones

… y adaptó su figurín

para que le cupieran como a un modelo

todos los anillos de su mantón.

Hemingway, en su casa de Cuba, Finca Vigía, tenía treinta gatos, a los que quería apasionadamente, y para los que construyó una casita con camitas y letrinas, porque, según decía, un gato tira de otro, es inevitable.

Ciertamente, el hombre puede domesticar a muchos animales, no al gato, pero sólo el gato puede domesticar al hombre.

                                     Carmen Formoso Lapido

FÁBULAS.

Admiróse un portugués

al ver que en su tierna infancia

todos los niños en Francia

supiesen hablar francés.

Arte diabólico es,

dijo, torciendo el mostacho,

que para hablar en gabacho

un fidalgo en Portugal,

llega a viejo y lo hace mal,

y aquí lo parla un muchacho.

 

                   (Nicolás Fernández Moratín)

HOJAS DE HIERBA: CANTO A MÍ MISMO (Walt Whitman)

 

POEMA

 

 

He oído lo que los parlanchines decían… el discurso

Sobre el principio y el fin,

Pero yo no hablo ni del principio ni del fin.

 

Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora,

Ni más juventud ni vejez que la que hay ahora;

Y nunca habrá más perfección que la que hay ahora,

Ni más cielo ni infierno que el que hay ahora.

 

Impulso, impulso, impulso,

Siempre el impulso procreador del mundo.

De la penumbra avanzan antitéticos iguales… Siempre

La sustancia y la multiplicación,

Siempre la síntesis de una identidad… siempre la

Diferencia… siempre la creación de vida.

De nada sirve elaborar… los doctos y los ignorantes  lo

Saben.

 

Seguros como la certidumbre más segura… a plomo los

Montantes, bien cimentados, trabados a las vigas,

Fuertes como un caballo, afectuosos, soberbios, eléctricos,

Aquí estamos yo y este misterio.

 

Clara y tierna es mi alma… claro y tierno todo lo que no

Es mi alma.

Falta uno y faltan ambos… y lo invisible se prueba por

Lo visible,

Hasta que éste se hace invisible y es probado a su vez

 

Al mostrar lo mejor y separarlo de lo peor, una generación

Humilla a la otra,

Al conocer la perfecta armonía y ecuanimidad de las cosas,

Mientras discuten, callo y después voy a bañarme y a

Admirarme.

 

Estoy satisfecho… veo, bailo, río, canto;

Como Dios viene mi amoroso compañero y duerme a mí

Lado toda la noche, se pega a mí al despuntar el día,

Y me deja canastos cubiertos con lienzos blancos que llenan

La casa con su abundancia,

¿habré de demorar mi aceptación y mi realización, habré de

Gritarles a mis ojos,

Que dejen de escrutar el camino,

Y que me descifren sin dilación y me demuestren al

Céntimo,

El valor exacto de uno y el valor exacto del otro, y cuál de los

Dos vale más?

 

HOJAS DE HIERBA: CANTO A MÍ MISMO

 

(Walt Whitman)