Servir al ciudadano: los distritos

Canarias / ADREDE

Servir al ciudadano: los distritos

La gente está harta de representantes elitistas, lejanos, inaccesibles y ególatras

CHEMA AYASO

Día 11/02/2011

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MIENTRAS que en las esferas de la macropolítica se siguen utilizando estrategias distractoras más propias de la guerra de guerrillas que de la gestión directa y eficiente, lejos, muy lejos de esos menesteres, los ciudadanos seguimos inmersos en nuestro particular esfuerzo por liberarnos del anquilosamiento administrativo al que el gobierno local ha sometido a nuestros intereses. No sé exactamente en qué trayecto del camino, aquellos que elegimos para representarnos se extraviaron del motivo fundamental de su tarea: el servicio a los ciudadanos.

La gente está harta de representantes elitistas, lejanos, inaccesibles y ególatras. Y lo que es más grave aún, ¡ineficaces! Tener en cuenta la opinión de la población, y buscar el mayor consenso posible mediante el establecimiento pactado de medios y formas efectivas de participación, es la herramienta perfecta para poder hacer una gestión real. Esto se concreta en la idea de asentar progresiva pero definitivamente una política de participación ciudadana, es decir, una política de Distritos. Debido probablemente a que algunos partidos consideran que la cercanía con los barrios tiene que formar parte exclusivamente de la parafernalia electoralista, o tal vez porque no se tenga un programa político que, codo con codo con los ciudadanos defienda sus intereses, el caso es que no son muchos los políticos a los que vemos pateando las calles y los barrios de nuestras capitales. Preservando el honor a la verdad, he de decir que a algunos sí los hemos podido ver, bien renovando el contacto con la realidad de las barriadas, o bien tomándolo por primera vez. Pero, o ha disminuido visiblemente el número de políticos, o los que están se avergüenzan de lo hecho y no se atreven ni a salir, o bien consideran que todavía no son fechas estratégicamente adecuadas para «semejante esfuerzo».

El caso es que son muy pocos y por ello fácilmente identificables, los que han empezado a demostrar in situ que el Distrito es la forma más eficaz de prestar el debido servicio a los ciudadanos. Algunos de los objetivos principales de esta forma de hacer política son tan atractivos como básicos, ya que representan el fundamento de la verdadera democracia. Dando importancia a la gestión distrital, se contribuye a elevar el nivel de vida de la población mediante el establecimiento de mecanismos de participación ciudadana en la gestión local y la inversión social en los sectores sociales más vulnerables del Distrito. Al obtenerse información directa, se pueden atender necesidades reales tales como los tan demandados programas de fomento del desarrollo sano de la niñez y de la juventud, del establecimiento de un sistema de salud comunitaria y asistencia social, de seguridad ciudadana —tan descuidada últimamente por el señor Saavedra— o de fomento de las iniciativas sociales y económicas mediante programas de apoyo a las microempresas con carácter comunitario, tanto con financiación como con capacitación técnica. Programas de cooperación con el empresariado local…

En fin, tener el valor, los medios y los argumentos para zambullirse en el maravilloso mundo de la realidad de la calle.

ABC Periódico Electrónico S.L.U, Madrid, 2010