NUESTROS POLÍTICOS BAJO LA CARPA DEL CIRCO (alegoría).

 

NUESTROS POLÍTICOS BAJO LA CARPA DEL CIRCO (alegoría).

 Dicen nuestros políticos que su trabajo en “el circo” -circo es sinónimo de hemiciclo- demanda mucho esfuerzo mental y físico, y que por ello reciben sus pagas vitalicias (escandalosas por cuantiosas) que pagamos los que estamos fuera de su Carpa, los ciudadanos pobres, porque a los “súper-ricos” no los tocan ni en broma y, para más inri, los subvenciona el Estado e incluso les perdona los impuestos, lo mismo que a los bancos, a los que les regalan nuestro dinero, el del fisco, que es lo mismo, bancos que sólo dan moneda a los del “circo” y sus adosados, y no a los necesitados (a esos los despluman escandalosamente para engordar más sus arcas) y, allí,  bajo La Carpa están los políticos, o no, que salen rápidamente, si es que entraron, para seguir realizando otras funciones fuera, propias o ajenas al cargo. Y sí, amigos, porque tienen de todo lo habido y por haber, aviones a su disposición para ir a comprar con la familia cualquier chuchería que se les antoje en USA, CHINA o donde sea, y embarcaciones, propias o no, y viajan gratis con toda la familia, propia y adosada, y comen gratis en los mejores y modernos sitios, y se visten graciosamente todos ellos con las mejores prendas sin pagar ni un euro, y dicen, para que no rechistemos, que eso les da votos. Pues ya me diréis que somos.

Y bajo La Carpa también están otras entidades como la jurídica con sus jueces, todos vestidos de negro (¿estarán todos de luto o será para meternos miedo y que nos persignemos ante ellos haciendo la genuflexión antigua?… ¡Ave María!, ¡qué tiempos aquellos!… ¿Habrá quien recuerde a los paisanos que hacían eso ante un juez elevado en su tarima, alta, altísima, bajo Jesús crucificado y el retrato del dictador?… Aquellos daban miedo, y estos siguen dándolo). Pero, cómo no, si son los mismos jueces, porque parece que el cargo se hereda, y así tenemos los mismos nombres y apellidos siempre, solo hay que mirarles el árbol nobiliario, bueno, casi siempre, son los que encarcelan a los pobres e indigentes que quieren comer, y no pueden hacerlo ni en Caritas, que cuadriplicaron las ayudas de asistencia básicas y no tienen dinero para ayudar a MILLÖNES de personas que no tienen ¡nada!, y lo necesitan, pero no, no hay… (¡que se lo llevaron los bancos!.. ¿O es que soy tonta?…) Y esos son las mismas señorías que dejan libres a los malos, a los que trafican con dinero negro que compra ¡TODO! porque tienen mucha moneda en la banca de paraísos fiscales, y así pueden comprar “las entradas” para manejar El Circo, y dicen que hasta compran los votos, y las televisiones, y los periódicos y a los periodistas, para que no hablen… ¡Todos a callar!… Incluso, me han afirmado, que se introducen en las hemerotecas y “barren” los malos rastros… ¡Que cosas! ¿Seguro?… Pues va a ser cierto que merecen tanto sueldo, ¡con tanto trabajo…!

Y bajo La Carpa también están los payasos, los “clowns”, saltimbanquis ocurrentes que son la esencia de las ingeniosidades, los que crean alegría dentro con esos shows con su rol protagónico, figuras que deleitan con sus máscaras, risas, ingeniosidades, maestros de artes escénicas que se visten y maquillan con colores para la ocasión, (y a veces hasta van de negro, como los jueces) y que sacan aplausos acalorados o alborotados… Y no me voy a olvidar del payaso “tonto”, el que marca las distancias y contrarresta al “Listo”, el trovador, el improvisador (aparentemente). Y que a dúo superan a cualquier figura del hemiciclo (hemiciclo es sinónimo de circo), llámese Tonitoff, Brock o Pompof…Son los bufones actuales, con un morro que se lo pisan, y una nariz que crece más que la de Pinocho, y que se dedican a mostrarnos sus críticas satíricas con humor agrio que arranca los “¡viva!, “¡otra!…” “¡Qué bueno eres, majete!”, sí, porque hay que contrarrestar el drama que se vive fuera de La Carpa. Eso es.

 

Me pregunto si esto es una democracia democrática, valga la redundancia, u otra cosa distinta con el mismo nombre… Porque ocurre que yo viví en la dictadura de Franco, y se sabía lo que había, nadie se engañaba… Pero ahora nos dicen que estamos en una democracia, pero no, por lo menos no es lo que llaman los libros una auténtica democracia… Y si es así, si nos engañan, estaríamos hablando de una auténtica impudicia.

                            

                                                                                         Carmen Formoso Lapido

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