Trata de YouTube – Cación Del Club Del Chiste ECDC

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EL ORGULLO…

 
 
 
 
 
Asomaba a sus ojos una lágrima
y… mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó un llanto,
y la frase en mi labio expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿Por qué calle aquel día?.
Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?.
Es cuestión de palabras, y, no obstante,
ni tu ni yo jamás,
después de lo pasado convendremos
en quién la culpa está
¡Lástima que el amor un diccionario
no tenga donde hallar
cuando el orgullo es simplemente orgullo
y cuando es dignidad!

Gustavo A. Bécquer

 

Una bestia terrible…

 
 
 
Una bestia terrible resbala sobre todo:
terrible como decir “yo permanezco”,
de la tribu que puede cruzar sobre una hoja de afeitar
tomándose su tiempo,
arrastrando su fuerza pausadamente
sobre el agudo diminuto abismo
que separa un lado de otro lado.
Y no puedo ver la sonrisa de esta casi cosa
tras su hazaña que no puedo imitar,
yo, frágil materia que sólo puede aplastarla,
ella, como casi todas las cosas, fuerte gelatina
determinada a seguir sin que yo exista.
Para mí, la certeza es el brilloso camino de su nunca.

Luis Benítez

 

La carta de Isabel: Poema de Carmen Formoso Lapido

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Isabel.

Encontré la carta que me escribiste el 16 de octubre del 2003.

No llegó en su tiempo porque se extravió

y nadie la echo de menos por inesperada…

Durmió durante siete años entre libros asolapados

hasta ser metida en el conteiner de un barco.

por extraño que parezca, rumbo a su procedencia…

Y lamentando no haberla recibido a su debido tiempo,

la leí estando ya en tu tierra.

 

Isabel,

te identificas conmigo por tu vena poética,

la que posees, apuntas, para bien o para mal

y con la que idealizas las vivencias dignas de ser evocadas,

siempre bajo la sombra de tu soledad,

a pesar de lacerar con ello tu triste corazón…

Pero a la mañana siguiente reaccionas,

con el despertar del amanecer,

cuando invade la cálida claridad del día tu alma

dotándola de la hermosura de las alegrías y las tristezas juntas;

y después de descansar bajo la sombra fresca de un árbol,

te sientes, como me ocurre a mí, la más feliz de las mujeres,

después de haberte mortificado como la mendiga más triste…

Y, cuando las flores se abren al perfume,

sigues realizando un nuevo intento de sonreír a la vida

so pena de que se repita tu dolor de cuando a acá,

sin sopesar los beneficios de tu reflexión,

y sin aferrarte a un calendario metódico que da los años,

con un buen pliego de cuartillas en limpio entre las manos,

rebosando en ellas tus sentires nocturnos del alma,

          puedes sopesar tus defectos interiorizados durante tantos años,

          sin haber escuchado nunca la música que exhalan tus palabras,

          pero seguirás sorteando a la gente para no enseñar tu fibra…

 

          Isabel,

          camina siempre así, erguida ante el nuevo día, soñando de nuevo,

          sin decirle a nadie que el futuro sólo te lo dan los sueños

          y que es el tiempo el que dirá cuales son necedad,

          porque, con ese don que recibiste sin pedir,

          llenas de luminosas estrellas la bóveda del infinito firmamento.

                                         Carmen Formoso Lapido