DEJO A …

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DEJO a los sindicatos
del cobre, del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos
de mi patria, saqueada por hachas y traidores,
desbaratada en su sagrada sangre,
consumida en volcánicos harapos.
Quiero que al limpio amor que recorriera
mi dominio, descansen los cansados,
se sienten a mi mesa los oscuros,
duerman sobre mi cama los heridos.
Hermano, ésta es mi casa, entra en el mundo
de flor marina y piedra constelada
que levanté luchando en mi pobreza.
Aquí nació el sonido en mi ventana
como en una creciente caracola
y luego estableció sus latitudes
en mi desordenada geología.
Tu vienes de abrasados corredores,
de túneles mordidos por el odio,
por el salto sulfúrico del viento:
aquí tienes la paz que te destino,
agua y espacio de mi Oceanía

  Pablo Neruda

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HAYSILANDIA. POEMA DE CARMEN FORMOSO LAPIDO

               

 

 

 

                                    Haysilandia.

 

          Dejar atrás Haysílandia no es un sueño…

          Es dejar atrás una zona sin linderos

          que te lanzaría al vacío

          desde círculos polares opuestos…

          Eso es Haysílandia…

 

          Es una parte terrestre comprendida entre dos planos,

          una superficie encuadrada que no figura en el Google,

          protegida con exenciones fiscales que evitan infortunios,

          y creerme, estos lugares no figuran en mapa alguno…

          Hay trastornos en Haysílandia en litigantes desvelados,

          trastornos que brotaron de miedos descontrolados,

          comienzan coleccionando astillas con terapeutas al lado,

          navegando entre nubes blancas con subterfugios pensados

          por espectros orinando sobre tumbas de personajes olvidados…

          Por esto, y mucho más, debes dejar atrás Haysílandia…

  

         Yo deambulé de acá para allá…

          Y de allá para acá…

          Sí. Yo estuve visitando el despeñadero,

          empujada por adversidades insostenibles

          de un inmerecido atropello

          que, cambiando mis parámetros,

          alteró mi vida al completo

          con el cambio brusco de un suceso amargo…

          Yo lo sé bien… Yo deambulé de acá para allá…

          Y de allá para acá…

          Estuve así muchos años…

          Y cuesta dejar todo  atrás …

 

          Conocí a un haysí nacido en Haysílandia,

          con pelos de punta teñidos de sucio dorado,

          que llamó mi atención con todo lo que decía,

          y, analizando lo analizable, lo revisé de arriba abajo,

          lo que me hizo reflexionar sobre muchas cosas pasadas…

          Así llegué a despreocuparme olvidándome de todo.

          Y sabiéndome despreocupada,

          por el páncreas y su reflujo abrasador,

          miré alrededor inspirada por el haysí

          y descubrí que la neblina no escuece

          y que la lluvia no humedece el alma,

          que los grifos bien cerrados no gotean,

          y los celulares no suenan cuando tú quieres,

          que los e-mails no deseados no entran en tu correo,

          que para saltar hay que sujetar el arnés y el balaje,

          que las estrellas destellan en el cosmos,

          y que hay lunas en el cielo dobladas,

          y hay ríos sin sanguijuelas,

          y no hay monstruos ocultos en el lago…

 

          Conocí a un haysí nacido en Haysílandia…

          Que me dio sabios consejos para ponerme a resguardo

          del estrés y la ansiedad relacionados con ciertas instituciones…

          —Quítate los cristales ahumados, dijo,

          para caminar por el túnel y poder ver el final

          para seguir adelante sin tropezar con los muros

          hasta encontrar el sendero lleno de amapolas pisadas

          que te llevará a un trigal lleno de vida humana,

          sin crisis, sin nervios, sin nada,

          para reivindicar desde allí que nadie capitonee tu mirada,

          que nadie te hable en tercera persona,

          y que nadie te hable en pasado,

          que lo que importa es el hoy,

          y no un futuro desvelado…

 

          Conocí a un haysí nacido en Haysílandia…

          Y entonces ví flores en la campiña

          y rododendros en mi almohada,

          y pájaros fantásticos aleteando en mi ventana;

          y vi que no hay basura endemoniada ni profesión consagrada,

          y que dentro de la botella no hay dadivosos genios         

          ni guiones en comedias trágicas…

          Y dejando atrás Haysílandia

          busqué gente adecuada, que no necesite niñera,

          que quiera caminar despacio y beber en su propia fuente,

          la que quiero tener a mi lado siempre entre flores acariciadas,

          y entre olores perfumados por trigales…

          Gente que quiera sentir la vida fuera de Haysílandia,

          porque allí, en Haysílandia, nunca se siente nada…

  

                         Carmen Formoso Lapido