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                    El Mito de Sísifo” es el título de un ensayo de Albert Camus (publicado en 1942), en el que enfrenta la cuestión del valor de la vida, presentando el mito griego de Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre moderno, que consume su vida en fábricas y oficinas sórdidas y deshumanizadas. De esta forma, Camus plantea la Filosofía del Absurdo, que mantiene que nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos.

 

                    Y así, la creación literaria de Carmen Formoso –“Carmen Carmiña Carmela”-, más allá de cualquier valoración subjetiva acerca de su calidad artística, representa el fruto de su esfuerzo vital, como elemento esencial de su lucha contra la insignificancia del valor de la vida, como creación que da sentido a su trayectoria vital, más aún dado su carácter autobiográfico, como la obra en que se plasman sus propias vivencias, sentimientos, convicciones y creencias; en definitiva, expresa sus propias Ideas, en cuanto reflejo de la misma personalidad de su autora.

 

                    El Mito de Sísifo” comienza con una cita de Píndaro (poeta del siglo VI a.c.): “No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, sino que apura el recurso hacedero”.

 

                    De nuevo, vemos como la referencia al Mito de Sísifo, efectuada de adverso, resulta de interés, ahora en cuanto la anterior cita de Píndaro que, aplicada a la participación de Cela en la trama presuntamente delictiva urdida por Editorial Planeta (objeto de estos autos), viene a recordarnos que la codicia ha sido –y continúa siendo- el altar ante el que hombres y mujeres notables sacrifican su Fama, Honor y Dignidad, dominados por el ansia de obtener una efímera riqueza material.

 

                    En su ensayo, Camus afirma que Sísifo experimenta la libertad durante un breve instante, cuando ha terminado de empujar el peñasco y aún no tiene que comenzar de nuevo abajo. "Uno debe imaginar feliz a Sísifo", declara, lo que –aparentemente- lo salva de su destino suicida.

 

                    De manera similar, salvando las distancias, tras la reapertura de las presentes Diligencias Previas, que dio lugar a la práctica de la Diligencia de Ampliación y Aclaración del Informe Pericial emitido en estos autos por el Catedrático, Sr. Izquierdo Salvador, es posible imaginar feliz a mi mandante, que tras 14 años de penalidades, humillaciones y afrentas públicas, ha visto reconocida la realidad de la utilización de su obra “Carmen, Carmela, Carmiña” para la elaboración de la novela “La Cruz de San Andrés”, que obtendría el galardón Premio Planeta 1994, presentada a dicho certamen por el Premio Nóbel de Literatura, D. Camilo José Cela.

 

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                    Retomando a Camus y su Filosofía del Absurdo, según la cual nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que creamos, presentando el mito griego de Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre moderno, que consume su vida en fábricas y oficinas sórdidas y deshumanizadas, podemos comprender como, a sus 72 años de edad, para mi mandante la idea de eternidad resulta efímera; su felicidad se cifra en poder llegar a ver como le son reconocidos, reparados y reintegrados sus Derechos de Propiedad Intelectual sobre su creación literaria “Carmen, Carmela, Carmiña”, objeto de los presentes autos.

 

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                    Como Prometeo, mi mandante logró liberarse de su castigo gracias al Amparo del Tribunal Constitucional que, en su STC 190/2006, de 19 de junio de 2006, dictada en relación a la presente causa penal, por la que acuerda Otorgar Amparo a Doña María del Carmen Formoso Lapido, entre otras muchas manifestaciones de interés a los efectos que ahora nos ocupan, en su F. J. 4º, penúltimo párrafo, expone:

 

                    “…Es claro que, en una misma cuestión, con independencia y más allá de la concreta fundamentación jurídica del Auto recurrido y del que se aporta como término de comparación, la demandante del amparo ha recibido del mismo órgano judicial dos respuestas diferentes y contradictorias, lo que supone un resultado arbitrario en la medida en que ha obtenido distintas respuestas a un mismo supuesto sin que medie un razonamiento que justifique el cambio de criterio. (…)Este irregular proceder, como alega el Ministerio Fiscal, al suponer en definitiva la falta de práctica de prueba admitida, será manifestación de la afectación, no ya del derecho a la tutela judicial efectiva del art. 24.1 CE, sino directamente del derecho a la prueba del art. 24.2 CE”.